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24/1/13


Había sido el niño, en algún punto de la historia, un objeto deseado. Deseado por la hermana, por la madre que miraba hacia otro lado cuando él amenazaba con huir del padre y de la casa. Esta madre, adorada por el niño, que hacía de la ausencia un reino y así se protegía, del deseo y de la marcha, de saberle pronto y para siempre al otro lado del mundo.

Había sido, digo, querido por las mujeres. Por las muchas de la casa, bien pequeño, cuando aún no levantaba un palmo del suelo, y también después cuando creció, cuando se hizo casi hombre y ya no necesitó de su presencia. No así por el padre, que nunca le quiso. Ese padre del recuerdo, en este cuarto, del que solo habla cuando duerme.

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