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7/5/13

No conozco más que el cuerpo. Por eso hablo, por eso digo las niñas son de esta o esta forma, las niñas llevan faldas para esconderse, para esconder lo que los hombres miran quieren pero no se atreven porque qué dirían si supieran. No conozco más que el cuerpo y sin embargo del mío no sé nada. De mí solo la carne y la piel que se deshace, la piel roja en la mejilla y en los codos, piel de niña que no crece que no sana. Porque yo era una manzana. En lo sano y el deseo. Yo era la manzana y vino el hombre que mordía vino y dijo yo te quiero yo me atrevo ven que te mezo entre mis brazos. Y yo que no sé nada, que solo el cuerpo de las otras dije sí y así sus brazos, así su boca fue la mía y luego sólo quedó el llanto para guardarse.

3 comentarios:

  1. Hay textos que te despiertan tus propias palabras para comentarlos y hay otros que producen una sensación de inmovilidad y silencio. Este es de estos últimos: tan rotundo, tan completo, tan personal.
    Me gusta cómo juegas con las pausas y las continuidades, la forma de utilizar los signos que hace más viva y despierta la lectura y comprensión.

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  2. Coincido en lo carismático de las pausas, aunque más en las continuidades. La reiteración de verbos o el colocarlos uno tras otro, le imprime un ritmo de espantada inocencia que sobrecoge.
    Tiene mucho de poesía. Sobre todo en lo de decir tanto con tan poco, y mucho de relato contado, por la velocidad y lo espontáneo. Me gusta mucho, definitivamente.

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  3. Usar al cuerpo en el abuso de las horas. Luego abrir las llaves, pertenecerse en el abandono.

    Después huír...

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